Un poema de Sam Shepard

Sam Shepard

El pasado 30 de julio Sam Shepard, actor, director y uno de los más importantes dramaturgos estadounidenses, murió a los 73 años como consecuencia de la ELA que padecía.

Hoy, en su homenaje y para que te desprendas de los efectos sedantes que quizá provocara el aleteo de la mariposita sobre tu piel tras leer la anterior entrada del blog, ESA TIERNA RIVALIDAD, te traigo un poema suyo, este de brutal ternura. Y, por favor, no le acuses, no nos acuses de violentos, deja a un lado la corrección política y ábrete a la literatura.

La traducción es de Juan Carlos Villavicencio

 

“Si todavía anduvieras por aquí”, de Sam Shepard

Si todavía anduvieras por aquí

Te agarraría

Te sacudiría las rodillas

Te soplaría en ambas orejas aire caliente

Tú, que podrías escribir como una Pantera

Todo lo que se te metiera en las venas

Qué tipo de sangre verde

Hizo que te deslizaras a tu destino aciago

Si todavía anduvieras por aquí

Te destrozaría el miedo

Lo dejaría colgando fuera de ti

Como largas serpentinas

Como jirones de temor

Te daría vuelta

Para encarar al viento

Curvaría tu espalda sobre mi rodilla

Mordería tu cuello por atrás

Hasta que abrieras tu boca a esta vida

Reformas

 

Reformas casas

Me contó que su primera intención fue vender la casa, pero le gustaba mucho el lugar en el que se hallaba y, por otra parte, esa solución le parecía una debilidad, una forma de claudicar. Además, allí se habían criado sus hijos. Lo mejor sería reformarla de arriba a abajo. No dejar nada que le recordara a él. Nada que él hubiera visto, pisado o tocado. Así que eso es lo que hizo: mandó tirar tabiques para que “los espacios del infierno” solo estuvieran en su memoria, una memoria que poco a poco ―era su esperanza― se fuera desvaneciendo; y cambio la fachada, los suelos, las puertas, los muebles… Todo lo cambió. Sigue leyendo

Puentes

 

Puente

Ella le dijo a él: “Para mí eres solo un puente en este tramo con turbulencias del río de mi vida. Aunque estás algo oxidado, eres acogedor y ofreces buenas vistas. Pero no lo olvides, solo te quiero para cruzar a la otra orilla, que es donde está mi verdadera meta, el futuro brillante que me espera”.

Él, en represalia, se hundió con ella.