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Me informaron mal. Con un lenguaje que parecía sacado de una convencional novela erótica, en la propaganda se decía que la muñeca hinchable e interactiva tenía los labios sensuales, turgentes los pechos, torneados los muslos, ojos verdes y rasgados, cintura de avispa; y que cuando entraba en acción, sus movimientos se acoplaban a los del usuario, acompañados de gemidos orgásmicos… Y aunque no puedo decir que me engañaran, ahora tengo que aprender a conocerla y quererla mejor, más allá de esa burda descripción, de la mera apariencia. Porque de lo que no informaban es de que si a Fanny —así es como la llamo— no le gustan algunas de las formas en que le hago el amor, o las palabras que en los bruscos arrebatos de deseo le susurro al oído, entonces empieza a desinflarse lentamente en un hastiado y profundo suspiro de decepción.

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