La decadencia de los gestos

GESTOS

Me entusiasmaba ese gesto de Eva de encogerse de hombros, uno más alto que el otro, mientras se mordía el labio inferior y giraba la rodilla izquierda. Ahora lo detesto. Es evidente que el gesto de Eva sigue siendo el mismo; supongo entonces que es mi percepción del gesto la que ha cambiado. Pero ¿ha cambiado porque yo he cambiado, o es Eva la que ha cambiado, y yo, a la luz de esos cambios, percibo de otra manera ese gesto que antes me entusiasmaba?

Y en estas disquisiciones estaba cuando se me ha acercado Eva.

Mira, Adán ―me dice, tirando de una maleta―, hay un gesto tuyo… Cuando te pones a reflexionar con la ceja izquierda hacía arriba como un signo de admiración, y el índice de la mano derecha apuntalando tu sien… Ese gesto, digo, antes me tenía enamorada, me parecías tan interesante, intuía tan profundos pensamientos… Pero ahora lo detesto. No sé si es porque yo he cambiado o porque tú has cambiado. Me da lo mismo, el caso es que ahora ese gesto tuyo me parece de lelo, de lelo de campeonato.

Luego, desde el umbral de la puerta, se ha encogido de hombros mordiéndose el labio inferior, se ha dado media vuelta y se ha ido haciendo rodar la maleta.

Deshojando la margarita

margarita

El hombre va por la calle pensando en la mujer. De pronto se dice: “Si llego a la parada antes que el autobús es que todavía me quiere”. El hombre y el autobús llegan al mismo tiempo. En rigor, si acepta las reglas que él mismo ha puesto, la mujer no le quiere. Pero decide que esa coincidencia en el tiempo entre él y el autobús se presta a la ambigüedad, así que lanza una moneda al aire. Sale cruz, aunque ahora mismo no recuerda qué significado le ha dado a que salga cruz: ¿significa que le quiere o que no le quiere? El hombre llega a su destino y se baja del autobús. Y cuando ya en la acera se dispone a contar si es par el número de baldosas que lo separan del portal a donde va, lo que supondría, en caso afirmativo, que la mujer le quiere, le suena el móvil en el bolsillo. Lo coge. Es la mujer. “Tenemos que hablar”, dice ella.