Reformas

 

Reformas casas

Me contó que su primera intención fue vender la casa, pero le gustaba mucho el lugar en el que se hallaba y, por otra parte, esa solución le parecía una debilidad, una forma de claudicar. Además, allí se habían criado sus hijos. Lo mejor sería reformarla de arriba a abajo. No dejar nada que le recordara a él. Nada que él hubiera visto, pisado o tocado. Así que eso es lo que hizo: mandó tirar tabiques para que «los espacios del infierno» solo estuvieran en su memoria, una memoria que poco a poco ―era su esperanza― se fuera desvaneciendo; y cambio la fachada, los suelos, las puertas, los muebles… Todo lo cambió. Sigue leyendo

Obsesiones

 

Plancha

Estás planchando una camisa y de pronto sientes la tentación de plancharte la mano, o el pecho, o la cara. Sigues planchando, pero ya no puedes quitarte la idea de la cabeza. Planchas con cuidado, tomando conciencia de todo lo que te rodea, no sea que pierdas contacto con la realidad y en estado de confusión acabes materializando la idea de plancharte alguna parte de tu cuerpo. A ratos la plancha te anima a que lo hagas, hablándote a borbotones, exhalando un vapor cálido.

Ya has acabado de planchar, estás muy cansado por el esfuerzo que has realizado para resistir la tentación, y sientes una opresión en el pecho, los músculos agarrotados. Dejas la plancha en una repisa, y desde allí, exhibiendo su pecho metálico,  parece sonreírte, orgullosa del poder que tiene sobre ti.

 

Puentes

 

Puente

Ella le dijo a él: “Para mí eres solo un puente en este tramo con turbulencias del río de mi vida. Aunque estás algo oxidado, eres acogedor y ofreces buenas vistas. Pero no lo olvides, solo te quiero para cruzar a la otra orilla, que es donde está mi verdadera meta, el futuro brillante que me espera”.

Él, en represalia, se hundió con ella.

Cociente Intelectual

dedo gordo

Le estoy pasando una prueba a un niño para medir su Cociente Intelectual (¡como si eso fuera posible!). En uno de los ejercicios le tengo que mostrar el dedo pulgar de una de mis manos y preguntarle cómo se llama ese dedo. Las respuestas que se dan por buenas son: pulgar o gordo.

El niño se queda mirando el dedo, luego me mira a mí y finalmente dice: “Llámale Pepe”.

No sé qué Cociente Intelectual tendrá este niño, ni falta que me hace. Dejamos la prueba y nos vamos a jugar con la plastilina: se lo ha ganado.

Más tarde, cuando escribo estas líneas, me alegra saber que no es un cualquiera, sino el Pepe de mi mano derecha quien, saltarín, va pulsando la barra espaciadora del teclado.

El hombre camaleón

MIMETISMOS

Lo reconozco: soy muy sugestionable. Si alguien a mi lado pronuncia la palabra “pulga”, al instante empiezo a rascarme. Si me informan del infarto de fulanito, es fácil que un ligero dolor ascendente recorra mi brazo izquierdo y que todo mi ser se sienta como un conglomerado de sistemas fisiológicos. Si alguien ríe o llora en mi presencia, yo río o lloro aunque desconozca el motivo. Y cuando los líderes del partido Azul me explican su programa electoral, es este el que me parece mejor; pero otro tanto me ocurre cuando son los líderes del partido Rojo los que me arengan. Por ello, el día de las elecciones, mi voto lo decide el azar de una moneda lanzada al aire. Personas que me conocen bien afirman que soy un veleta; pero otras, que también me conocen, declaran que soy un hombre tolerante y diplomático. A mí, la verdad, me parece que todos tienen un punto de razón. Así que cuando me preguntan: ¿quién eres tú?, yo sonrío y me encojo de hombros porque no me cuesta ningún esfuerzo ser lo que ellos quieren que sea.

Amor de madre

Adán y Eva

“¿Por qué tú y padre no tenéis ombligo como tenemos Abel y yo?”, le preguntó Caín a Eva. Eva, desconcertada, miró a la serpiente que reptaba por el árbol. El animal de lengua bífida susurró algo al oído de Eva, quien al punto se encendió de rubor, inventando la vergüenza. Luego, sin atreverse a alzar la mirada, se dirigió a Caín y le comunicó al pie de la letra aquello que la serpiente le había dicho. Esa noche Caín, que acababa de inventar los celos, reprimió su furia contra Adán y fue en busca de Abel para darle muerte con una quijada de burro. “¡Pero qué burro eres, hijo mío!”, le dijo Eva a Caín (inventando la metáfora) cuando se enteró de que había matado a su hermano. Luego guardó silencio, y Caín supo que su madre estaba inventando el perdón.

Bellas Artes

paleeta pintor (2)

El hijo del famoso pintor está en la edad del “caca, culo, pedo, pis”. Un día entra en el estudio de su padre y le pide que le pinte una caca. El padre coge un lienzo de 30 x 30 y pasados unos minutos ha pintado una caca que hace las delicias del niño y que recuerda mucho a las cacas que venden en las tiendas de artículos de broma. Sigue leyendo