Amor de madre

Adán y Eva

“¿Por qué tú y padre no tenéis ombligo como tenemos Abel y yo?”, le preguntó Caín a Eva. Eva, desconcertada, miró a la serpiente que reptaba por el árbol. El animal de lengua bífida susurró algo al oído de Eva, quien al punto se encendió de rubor, inventando la vergüenza. Luego, sin atreverse a alzar la mirada, se dirigió a Caín y le comunicó al pie de la letra aquello que la serpiente le había dicho. Esa noche Caín, que acababa de inventar los celos, reprimió su furia contra Adán y fue en busca de Abel para darle muerte con una quijada de burro. “¡Pero qué burro eres, hijo mío!”, le dijo Eva a Caín (inventando la metáfora) cuando se enteró de que había matado a su hermano. Luego guardó silencio, y Caín supo que su madre estaba inventando el perdón.

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