Obsesiones

 

Plancha

Estás planchando una camisa y de pronto sientes la tentación de plancharte la mano, o el pecho, o la cara. Sigues planchando, pero ya no puedes quitarte la idea de la cabeza. Planchas con cuidado, tomando conciencia de todo lo que te rodea, no sea que pierdas contacto con la realidad y en estado de confusión acabes materializando la idea de plancharte alguna parte de tu cuerpo. A ratos la plancha te anima a que lo hagas, hablándote a borbotones, exhalando un vapor cálido.

Ya has acabado de planchar, estás muy cansado por el esfuerzo que has realizado para resistir la tentación, y sientes una opresión en el pecho, los músculos agarrotados. Dejas la plancha en una repisa, y desde allí, exhibiendo su pecho metálico,  parece sonreírte, orgullosa del poder que tiene sobre ti.

 

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