Días de rosa-rosae

 

clase latin (2)

El padre Matías coge la vara con su mano derecha y se golpea repetidas veces la palma de su mano izquierda. Es la advertencia de que empieza la función. Luego desliza un dedo severo por la lista de alumnos: “Que salga, que salga…”, y al instante todos nos quedamos paralizados “Que salga, que salga…”, se demora el padre Matías, la sonrisa burlona. Y nosotros aguantando la respiración, con voluntad de cosa inanimada, como animales que simulan estar muertos para engañar al depredador. Mi corazón se acelera en ese tiempo detenido. No me sé la lección, y si me la sé, da lo mismo, pues ya se las apañará él para hacerme dudar. “Que se salte mi nombre…, que se lo salte”, le ruego al Dios del crucifijo en la pared. “Planelles”, dice por fin el padre Matías, y al momento los pupitres crujen, y se eleva un suspiro colectivo, un rumor de cuerpos que se mueven. ¡Qué alivio! ¡Pero dura tan poco! “Planelles no ha venido hoy, está enfermo”, dice alguien desde el fondo del aula, y  otra vez los alumnos hacemos la estatua, y otra vez el padre Matías recorriendo la lista lentamente con su dedo siniestro, relamiéndose de satisfacción, y de nuevo mi corazón marcando frenético los segundos, hasta que no puedo más y grito: ¡Voluntario para salir!.

 

Menudo belén

 

Belén plastilina

Fue una madre quien me informó de que en el belén de primaria se encontraba la figura de plastilina de Herodes decapitando a un niño. La figura, salvando el siniestro contenido, es cómica: Herodes, una especie de Homer Simpson, con ojos saltones y tripa voluminosa, agarra con la mano izquierda, por los pelos, a un bebé desnudo, y con la derecha empuña un cuchillo a punto de rebanarle el cuello. La cabeza del niño está muy lograda, con ojos aterrorizados y la boca abierta, pero el cuerpo es más de pollo que de niño. Sigue leyendo

Félix y el vaso de agua (para Álvaro y Alba, algún día)

Vaso de agua

Queridísima Ana:

Eres mi profe favorita, no es peloteo. Ayer llegamos a la casa de la playa y hoy me he puesto a pensar en la redacción que nos pediste sobre la importancia del agua. He querido aprovechar que desde mi habitación se ve el mar, pero cuando lo miro no sé bien hacia dónde mirar. Es tan grande… Hacen falta mogollones de gotas para hacer un mar…

Para inspirarme he puesto un vaso de agua sobre la mesa de la cocina y lo he mirado con mucha atención, como si fuera la primera vez en mi vida que veía un vaso de agua. No creas que estoy mal de la cabeza, es que mi madre dice que es así como hay que mirar, porque si no las cosas empiezan a desgastarse como las suelas de los zapatos y terminan siendo muy aburridas y con agujeros. La primera vez que me lo dijo no entendí qué quería decir. Entonces cogió una pera del frigorífico y me la puso delante de los ojos. “Félix, olvídate de que sabes que es una pera. ¿Qué ves ahora?” Estuve mirando un rato y al final vi un hombre calvo, de cabeza grande, haciendo el pino, que es más divertido que ver una simple pera. Sigue leyendo

Física en el parque

Física en el parque

El pasado domingo en el parque, me encontré con un padre que, luciendo esa paciencia que nos caracteriza a los adultos, intentaba que su hija aprendiera a montar en bici. La niña, de unos seis años, con su casco rosa reglamentario y sobre una bicicleta también rosa con pegatinas de Peppa Pig, se esforzaba en mantener el equilibrio a la vez que pedaleaba. En el límite de la desesperación, bufando y dando saltitos como un gordo gorrión, el padre le gritó a la niña: “Si es que no tienes en cuenta el centro de gravedad, y así es imposible”.

Que levante la mano quien a veces no se haya sentido ridículo instruyendo o educando a sus hijos. Y que levante la mano quien sepa dónde coño está el famoso centro de gravedad que nos mantiene equilibrados y pedaleando.