Félix y el vaso de agua (para Álvaro y Alba, algún día)

Vaso de agua

Queridísima Ana:

Eres mi profe favorita, no es peloteo. Ayer llegamos a la casa de la playa y hoy me he puesto a pensar en la redacción que nos pediste sobre la importancia del agua. He querido aprovechar que desde mi habitación se ve el mar, pero cuando lo miro no sé bien hacia dónde mirar. Es tan grande… Hacen falta mogollones de gotas para hacer un mar…

Para inspirarme he puesto un vaso de agua sobre la mesa de la cocina y lo he mirado con mucha atención, como si fuera la primera vez en mi vida que veía un vaso de agua. No creas que estoy mal de la cabeza, es que mi madre dice que es así como hay que mirar, porque si no las cosas empiezan a desgastarse como las suelas de los zapatos y terminan siendo muy aburridas y con agujeros. La primera vez que me lo dijo no entendí qué quería decir. Entonces cogió una pera del frigorífico y me la puso delante de los ojos. “Félix, olvídate de que sabes que es una pera. ¿Qué ves ahora?” Estuve mirando un rato y al final vi un hombre calvo, de cabeza grande, haciendo el pino, que es más divertido que ver una simple pera. Sigue leyendo

Pololo

Pololo

«Una madrugada, iba con un pedo de no te menees cuando me pararon unos municipales. Me pidieron el carné de identidad, y yo, con lengua de trapo, apestando a alcohol y bailándome una samba, les dije que mucho cuidadito conmigo, que vosotros no sabéis con quién estáis hablando, que yo lucho con toros de quinientos kilos, me tiro desde coches en marcha y helicópteros en vuelo… Cuando acabé de endiñarles mi discurso, uno de los municipales sentenció: “Este, pal psiquiátrico”. A lo que el otro respondió: “De cabeza”. Y allí que me llevaron”». Sigue leyendo

Ladrones de órganos

WALLAPOP

Esta noche, mientras dormía, forzaron la puerta de mi casa y me robaron el corazón. No es la primera vez. Ha sido al ir a ducharme cuando me he visto la nueva cicatriz en carne viva sobre el pecho, junto a las otras ya secas. Dicen que sin corazón se vive mejor, que entre tú y lo que deseas no se interponen obstáculos morales y que al carecer de sentimientos nadie puede dañarlos. Quizá sea así, pero a mí, sin corazón, el desayuno me sabe insípido, el mar es solo un montón de agua y el sol una tediosa bola que va cambiando de posición. ¿Y qué decir de las personas?: personajes planos de una mala novela. Sigue leyendo

Desahógate escribiendo

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© Arno Rafael Minkkinen

Otras razones para escribir:

Kafka (la literatura como posesión “diabólica”)

“Dios no quiere que sea escritor. Pero no tengo otra elección (…) Mi vida consiste, como de hecho siempre ha consistido, en intentar escribir (…) Odio todo lo que no esté relacionado con la literatura. Las conversaciones me aburren soberanamente. La literatura me posee como un demonio. No tengo intereses literarios: la literatura es de lo que estoy hecho”.

Mario Vargas Llosa (insatisfacción ante la realidad)

“Creo que el novelista es ante todo aquel que no está satisfecho con la realidad, aquel hombre que tiene con el mundo una relación viciada, un hombre que por alguna razón, en determinado momento de su vida, ha sentido que surgía entre él y la realidad una especie de desacuerdo, de incompatibilidad. Si estuviera satisfecho, si se sintiera reconciliado con el mundo, si la realidad lo colmara, es evidente que no intentaría esa empresa de crear nuevas realidades, de crear realidades imaginarias y ficticias (…) Ese hombre es un rebelde, es un hombre en desacuerdo con su sociedad, con su tiempo, o con su clase, un hombre que no está satisfecho con el mundo”. Sigue leyendo

Futuro imperfecto

foto eloy traje

Mi padre me soñaba Director de Banco y, como no existía el defensor del niño, me vestía de esta guisa para ir ensayando. No vayas a creer que mi cara en la foto es de felicidad, estoy disimulando porque el pantalón, como si no le bastara con el daño infligido a mi dignidad, me aprieta en la infantil entrepierna.

A las bodas, comuniones y bautizos iba yo con ese traje de boy scout de Bankia, y creo que llegué a hacerme famoso, pues todos querían hacerse una foto conmigo, seguro que para luego dar fe de mi existencia y echarse unas risas en la intimidad de sus hogares a costa de ese niño del traje que vaya pinta que tiene el pobre.

Mi padre, con esa manía suya de hacerme banquero, me adiestraba en la aritmética. Las matemáticas no engañan, me decía siempre, dos más dos son cuatro y no hay tu tía. Yo, que no sabía muy bien por dónde iba mi padre, le respondía que también cinco menos una son cuatro. Entonces él, con enhiesto dedo índice, sentenciaba que daba lo mismo sumar o restar, siempre que fuera a mi favor. Perdido completamente con las intenciones paternas, guardaba silencio, no me atrevía a rechistar, no fuera a ser que le diera por comprarme otro traje, o un sombrero tirolés, muy de moda en esa época.

 

El pez espejo

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Hay peces que se mimetizan con el medio para protegerse de sus enemigos; otros se recubren de púas; los hay que expulsan veneno, o una sustancia fétida que aleja a sus perseguidores… El pez espejo, en cambio, tiene una forma de defenderse que es única en el reino animal: adopta el rostro de aquellos que van a atacarlo. Es así como se libra del hombre que con sus arpón quiere darle caza. Aunque nada puede hacer cuando ese hombre es un hombre que se odia a sí mismo.