Reformas

 

Reformas casas

Me contó que su primera intención fue vender la casa, pero le gustaba mucho el lugar en el que se hallaba y, por otra parte, esa solución le parecía una debilidad, una forma de claudicar. Además, allí se habían criado sus hijos. Lo mejor sería reformarla de arriba a abajo. No dejar nada que le recordara a él. Nada que él hubiera visto, pisado o tocado. Así que eso es lo que hizo: mandó tirar tabiques para que “los espacios del infierno” solo estuvieran en su memoria, una memoria que poco a poco ―era su esperanza― se fuera desvaneciendo; y cambio la fachada, los suelos, las puertas, los muebles… Todo lo cambió. Sigue leyendo