Un viejo amigo

 libro abierto

 Hoy, en uno de los arcones del desván, he encontrado un libro que durante muchos años creí perdido. De momento, como si esto que escribo fuera un relato de intriga en el que solo al final se descubre al culpable, no te revelaré su título, porque ciertamente él es el culpable de mi iniciación en la lectura. Y desearía, con solo poner mis manos sobre tus hombros, poder transmitirte la emoción que he sentido al recuperarlo. Porque a veces las palabras no alcanzan. Al menos las mías, mis palabras. Sigue leyendo

La tregua

la muerte

Estaba en casa leyendo Las mil y una noches cuando llamaron a la puerta. Abrí y era la Muerte. Supe de inmediato que no era una farsa, no tanto por la guadaña y la túnica negra (accesorios al alcance de cualquier bromista) como por esos ojos lechosos con que me miraba; por las fosas nasales a la vista en la nariz mutilada; por su piel de pergamino bajo la cual se insinuaba la calavera.

—Ha llegado tu hora —dijo Ella, la Flaca, con voz asexuada y profunda mientras cruzaba el umbral, sin darme tiempo a cerrar la puerta. Sigue leyendo