Plastilina

plastilina

En las vacaciones castigué a mi hijo sin ver la televisión por insultar a su hermana. No rechistó y se fue a jugar con la plastilina. Me enterneció verlo tan concentrado, con la lengua asomando por la comisura de los labios, ya mirándome a mí ya a la figura que iba dando forma, intentando una réplica de mi persona: la nariz prominente y la cicatriz que tengo en la barbilla. Cuando terminó, vino sonriente a ofrecérmela, pero al ir yo a cogerla, su sonrisa se tornó siniestra y con rabia hundió un dedo en el pecho de la figura.

Ahora estoy en el hospital. Los médicos dicen que ha sido un infarto, y no les voy a llevar la contraria: no me creerían, y, al fin y al cabo, se trata de mi hijo.

Lógica… ¿infantil?

lógica

―¡Quiero que venga mi mamá a buscarme! ―dice el niño, llorando, a sus profesoras en la guardería.

―Es pronto aún ―le responde una de ellas.

―Tu mamá vendrá después de la comida ―le explica la otra.

Y entonces el niño, con la lógica aplastante de los deseos, grita entre llantos:

―Quiero comer, quiero comer…

ooo

El señor Z está en casa esperando una llamada importante. Se muerde las uñas, va y viene por el pasillo, y cuando ya no aguanta más, deja el móvil en la repisa del cuarto de baño, se desnuda y se mete en la ducha, pues tiene la seguridad de que cuando se halle completamente enjabonado, cegado por el gel y con el vaho escalando azulejos y espejos, empezará a sonar la jovial musiquilla de su móvil.

 

Deshojando la margarita

margarita

El hombre va por la calle pensando en la mujer. De pronto se dice: “Si llego a la parada antes que el autobús es que todavía me quiere”. El hombre y el autobús llegan al mismo tiempo. En rigor, si acepta las reglas que él mismo ha puesto, la mujer no le quiere. Pero decide que esa coincidencia en el tiempo entre él y el autobús se presta a la ambigüedad, así que lanza una moneda al aire. Sale cruz, aunque ahora mismo no recuerda qué significado le ha dado a que salga cruz: ¿significa que le quiere o que no le quiere? El hombre llega a su destino y se baja del autobús. Y cuando ya en la acera se dispone a contar si es par el número de baldosas que lo separan del portal a donde va, lo que supondría, en caso afirmativo, que la mujer le quiere, le suena el móvil en el bolsillo. Lo coge. Es la mujer. “Tenemos que hablar”, dice ella.

 

Ritual

Altar dia de los muertos

Dejé atrás las calles: rostros arrasados por cicatrices, intestinos al aire, cuerpos esqueléticos, deformes, descabezados, desmembrados… Era Halloween y quería llegar pronto a casa para llevar a cabo el ritual. “El que sobreviva al otro… Me lo tienes que prometer”, me había pedido Julia una noche del verano pasado, frente al mar de Acapulco. Sigue leyendo

Autómata

 

automata

Cansado de trabajar como juez, encargué una réplica de mí mismo al Instituto de Robótica. El diseño resultó perfecto: mi misma voz, y hasta la señal de nacimiento que tengo en la mejilla. Con la asistencia de expertos en leyes, los ingenieros crearon programas con múltiples vínculos entre los supuestos de hecho y las normas del Derecho, que luego grabaron en los circuitos del autómata. Así, mientras yo vivía “la dolce vita”, mi doble trabajaba por mí y con más eficacia. Todo iba bien hasta que un día, al entrar en casa, oí mi voz en el salón. Me asomé por la rendija que dejaba la puerta entornada y vi a mi doble en compañía de mi mujer y mis hijos. Parecían muy felices, como nunca lo habían sido conmigo. Di media vuelta y me fui para no volver a verlos. Fue mi última sentencia, la más justa.