Félix y el vaso de agua (para Álvaro y Alba, algún día)

Vaso de agua

Queridísima Ana:

Eres mi profe favorita, no es peloteo. Ayer llegamos a la casa de la playa y hoy me he puesto a pensar en la redacción que nos pediste sobre la importancia del agua. He querido aprovechar que desde mi habitación se ve el mar, pero cuando lo miro no sé bien hacia dónde mirar. Es tan grande… Hacen falta mogollones de gotas para hacer un mar…

Para inspirarme he puesto un vaso de agua sobre la mesa de la cocina y lo he mirado con mucha atención, como si fuera la primera vez en mi vida que veía un vaso de agua. No creas que estoy mal de la cabeza, es que mi madre dice que es así como hay que mirar, porque si no las cosas empiezan a desgastarse como las suelas de los zapatos y terminan siendo muy aburridas y con agujeros. La primera vez que me lo dijo no entendí qué quería decir. Entonces cogió una pera del frigorífico y me la puso delante de los ojos. “Félix, olvídate de que sabes que es una pera. ¿Qué ves ahora?” Estuve mirando un rato y al final vi un hombre calvo, de cabeza grande, haciendo el pino, que es más divertido que ver una simple pera.

Mi madre estaba al otro lado de la mesa y también miraba el vaso. Nos acercábamos hasta casi tocarlo con la nariz, y luego nos alejábamos, una y otra vez. “Parecemos dos pavos disputándose la comida”, dijo mi madre. De pronto me entró la risa porque nos vi a mi madre y a mí convertidos en pavos, moviendo la cabeza hacia delante y hacía atrás, gritando cua cua (no sé qué voz tienen los pavos, así que le pongo la de los patos).

Estaba riéndome cuando mi padre entró en la cocina, con su traje y su maletín. Mi padre aún no tiene vacaciones y últimamente está muy serio, parece que está en las nubes, como dice que estoy yo cuando me pongo a estudiar, pero es porque está preocupado por el follón ese de la crisis económica de la que tanto hablan en televisión.

Cuando nos vio a mi madre y a mi mirando el vaso, movió la cabeza a un lado y a otro como diciendo: “Estos dos no tienen remedio”. Y es que mi padre no sabe divertirse. Le quiero mucho, pero es un poco plasta. Habla como un profesor, pero un profesor aburrido, no como tú. Cuando le dije que tenía que hacer una redacción sobre el agua, me soltó un rollo: “El agua tiene mucha paciencia, gota a gota va haciendo agujeros en la dura roca. Félix, este es un buen ejemplo de que con tesón puedes conseguir lo que te propongas en la vida”. No me digas que no es un plasta.

Mi madre me llevó al jardín y me enseñó una maceta de geranios. Estaba muy seca y las hojas y flores parecían tristes, caídas y casi sin color. Mi madre le echó una jarra de agua. Al principio el agua se salía por los bordes de la maceta, pero después la tierra la fue tragando y aquello se parecía a las arenas movedizas de las pelis. Pensarás que es muy cursi lo que voy a decir, pero el geranio estaba muy feliz después de haberse bebido el agua.

Así que después de mirar el vaso de agua como si fuera la primera vez, se me han ocurrido muchas cosas. Ya sé que lo que tú quieres es que hablemos de lo importante que es el agua, de que sin ella no habría vida en la tierra, y de que la Tierra sin vida parecería una gran piedra. Y que por eso hay que cuidarla y no malgastarla. Pero estamos de vacaciones, y lo que más me gusta del agua en este momento es que es muy divertida, porque gracias a ella hay mares y ríos,  piscinas y parques acuáticos. También podemos hacer batallas con pistolas de agua. Y mola que puede cambiar de ESTADO (para que veas que te escucho y aprendo en clase). Ojala yo pudiera convertirme en líquido y gaseoso. Entraría en tu despacho pasando por debajo de la puerta y copiaría las preguntas de los exámenes. ¡Que no, Ana, que sabes que estoy de broma! En estado gaseoso podría subir a mi casa sin utilizar el ascensor. Me haría colega del viento y con su ayuda viajaría por todo el mundo. Lo que te quiero decir es que el agua es tan divertida que también por eso habría que cuidarla.

Y te quiero contar lo que ha pasado hoy. Ya sé que no tiene nada que ver con la redacción, pero te lo cuento.

Mi padre se ha quedado sin trabajo. Esta tarde se lo contaba a mi madre. Yo estaba en el jardín y ellos dentro de casa. Después mi padre ha salido y me ha mirado muy serio. Mi madre le dijo desde la ventana: “¿Por qué no piensas en el rollo que le soltaste al niño sobre la paciencia y el tesón del agua?”. Y a mi padre le fue cambiando la cara, y riéndose cogió la manguera del jardín y empezó a regarme. Cuando ya estaba todo empapado, me cogió en brazos, salió corriendo y me tiró al mar, y luego se tiró él con su traje y sus zapatos. Y cuando mi madre oyó las risas, salió ella de la casa y también se tiró vestida al mar. Y me he acordado del geranio, cuando mi madre le echó agua y se puso tan contento.

Bueno, Ana, hoy ya no escribo más. En el próximo correo te envío la redacción. Voy a ordenar las ideas para no enrollarme como siempre. Después me pondré con la otra redacción que nos has pedido sobre la importancia de los animales. Cogeré a “Rayito”, mi tortuga, la pondré sobre la mesa de la cocina y la miraré muy atentamente, como si fuera la primera vez que nos vemos.

 

Un pensamiento en “Félix y el vaso de agua (para Álvaro y Alba, algún día)

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