Una nueva dimensión

Alargapenes

Estoy a punto de jubilarme, y como no quiero formar parte de los grupos del IMSERSO para bailar la lambada en los hoteles de la Costa del Sol, he decidido hacerme actor porno. Así que me he comprado un alargapenes por correspondencia. Se lo dije a mi mejor amigo en el momento en que se  ponía la dentadura postiza, y casi se atraganta. Él me dijo que no solo es cuestión de tamaño, que también hacen falta potencia y resistencia, y un cuerpo medianamente decente y no esta mierda de cuerpo que yo tengo (mi amigo es obscenamente sincero). Creo que tiene razón, pero por algún punto hay que empezar, y afilar y afinar el instrumento es lo primero, le dije. Además, igual pongo de moda el porno senil, pues ya se sabe que todo es cuestión de marketing, de abrir un porno-nicho (así hablan los tipos del marketing, aunque en este caso suene fatal) para la tercera edad. Ya me imagino los títulos: “Macizorras en el geriátrico”. “Míster Viagra con tres nenitas muy calientes”. Sigue leyendo

Últimas preguntas

Encefalograma plano

“Dios existe: lo creamos entre todos”, sentenció en el 2084 un Premio Nobel. Hay dudas en cuanto a la autoría de la frase. Unos se la adjudican al Premio Nobel de Física, otros al de Literatura. Lo cierto es que en el 2100 la Ciencia estuvo en condiciones de comprobar dicha hipótesis, y millones de cerebros de todo el mundo, de todas las religiones, fueron conectados mediante electrodos a pequeños ordenadores que enlazaban con un gran ordenador central. La resultante de todos los impulsos eléctricos se traduciría a imágenes en los millones de pantallas repartidas por el planeta. El día señalado, a la hora H, los representantes de la Humanidad pensaron en su Dios. Al instante, en las pantallas surgió un torbellino de imágenes: ancianos venerables de largas barbas, animales imposibles, hombres prodigiosos, rayos y centellas, esferas luminosas, luces informes… Durante unos minutos fue evolucionando toda la imaginería que la mente humana es capaz de producir, hasta que apareció una línea quebrada, de crestas desquiciadas y palpitantes, y luego la monótona línea recta que certifica la muerte. (Publicado en el diario El Mundo).