Chateando

CHAT

ZEUS es el alias que el señor K ha elegido para hablar en el chat. Y se describe como piloto de salvamento marítimo, alto, moreno y de ojos verdes, cuando en realidad es administrativo en una oficina de pompas fúnebres, bajito, calvo, miope y vive con un canario que no canta. ZEUS lleva meses chateando con AFRODITA, que se describe como directora general de una multinacional; de 90, 60, 90 y un metro setenta y cinco de estatura, además de apasionada y contorsionista, cuando en realidad es otro señor bajito, calvo y con gafas, que trabaja de administrativo en una oficina de pompas fúnebres en una ciudad tan parecida a la del señor K y con unas costumbres tan similares a las del señor K que se diría que ZEUS y AFRODITA son, sin ellos saberlo, dos almas gemelas que viven en la distancia una soledad compartida.

 

La obra

obras en casa (2)

Tanto Lola como yo éramos reacios a meternos en obras. ¿Quién no había oído hablar de casas empantanadas durante meses y meses, de chapuzas al por mayor, de secuelas psicológicas de los propietarios? Un amigo nos contó que pidió que le cambiaran un enchufe de sitio, y al final le construyeron una piscina en la parcela de al lado, que no era de su propiedad. Ahora, visto lo visto, no estoy tan seguro de que fuera una broma. Aun así, después de mucho pensarlo, decidimos contratar a una cuadrilla de obreros para unir un pequeño despacho con nuestra habitación de matrimonio. Acordamos romper con esa convención social que parece exigir que la habitación más grande de la casa se reserve para dormitorio de la pareja. Siempre nos pareció un desperdicio de espacio. Ahora tendríamos una gran habitación para los dos, para nuestras cosas. Sigue leyendo

La aritmética del amor

aritmética del amor

Lola siempre decía que en la vida de uno hay personas que suman y personas que restan, y que a su lado ella no quería personas que restasen.

―No creo que existan personas que solo sumen o que solo resten ―le decía yo―. Todos sumamos y restamos.

Y Lola, poniendo cara de ecuación, respondía:

―Por supuesto que sumamos y restamos, tontín, pero lo importante es el saldo. Las personas con saldo negativo… no las quiero en mi vida… ¡fuera de mi vida!

―Ya ―insistía yo―, pero incluso aquellas con saldo negativo también suman de alguna manera. ¿Acaso no te sirven de aprendizaje? Sigue leyendo

Manos de mantequilla

manos de mantequilla (2)

Fue uno de esos partidos raros en los que de tanto dominar le pierdes el respeto al equipo contrario y en un descuido te la cuelan. No estuvimos afortunados, y ellos, que se sabían inferiores, se encerraron atrás desde el principio. Fue un juego rácano, pero estaban en su derecho, usaban sus armas. Y vaya si les salió bien. Así que puede decirse que yo fui un mero espectador durante todo el partido, haciendo ejercicios de calentamiento bajo mi portería para no enfriarme, hasta ese fatídico minuto, ya en el descuento, sin apenas tiempo para darle la vuelta al marcador. Sigue leyendo

La perfecta pareja

Buenas maneras

Conozco a una pareja que en lugar de hijos tiene obsesiones. Las alimentan y cuidan con el mismo amor que pondrían en sus vástagos, y a cada visita que les hago, las encuentro más crecidas. Así se lo hago saber, y ellos sonríen satisfechos cogiéndose de la mano, y las ponen en fila para que me den las gracias. La mayor de ellas es el ORDEN, que abusa de los demás imponiendo su tiranía. Es estirada y presume de perfecta, pero yo percibo su envaramiento triste, y que sus ojos delatan deseos de anarquía. La segunda es la LIMPIEZA. Tiene la cara pulida y sin arrugas de las personas sin vida, y su mirada es tan limpia que parece que no mira, o que va más allá de todo lo que mira. Su olor es puro artificio, una mezcla de aromas de laboratorio. Cuando sonríe muestra una mueca blanca y reluciente de hastío. La tercera es la APARIENCIA, si bien ellos la llaman EDUCACIÓN. APARIENCIA nunca pierde la compostura aunque la humillen y le recorra un deseo de venganza. APARIENCIA recibe a las visitas con ademán versallesco y les habla como un manual del saber estar.

Orgullosa de sus tres obsesiones, la pareja solo vive para ellas, y no duda en renunciar a sus verdaderos deseos para que las tres crezcan sanas y prósperas.