Manos de mantequilla

manos de mantequilla (2)

Fue uno de esos partidos raros en los que de tanto dominar le pierdes el respeto al equipo contrario y en un descuido te la cuelan. No estuvimos afortunados, y ellos, que se sabían inferiores, se encerraron atrás desde el principio. Fue un juego rácano, pero estaban en su derecho, usaban sus armas. Y vaya si les salió bien. Así que puede decirse que yo fui un mero espectador durante todo el partido, haciendo ejercicios de calentamiento bajo mi portería para no enfriarme, hasta ese fatídico minuto, ya en el descuento, sin apenas tiempo para darle la vuelta al marcador. Sigue leyendo

Días de fútbol

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UNO. Mi cuna, pintada en azul y con dibujos de Disney, está a seiscientos metros del Santiago Bernabéu. Los días de fútbol, a través del aire, llegan a mis oídos infantiles los gritos de euforia. Y a saber qué es lo que ya se va fraguando en mi cerebro bebé. Me gusta imaginar que en esos momentos es la mano de mi padre la que mece la cuna, pero no puede ser: uno de los gritos que me llegan desde el estadio es el suyo. Sigue leyendo