Jugando a las casitas

Kent y Barbie

Alba me pide que juguemos a las casitas. Me lo pide “porfi porfi” y no puedo negarme.

Ella va a ser Barbie y yo seré Kent. “Toma”, me dice, y me da un muñeco guaperas con una camisa sin mangas pero con pajarita rosa en el cuello. No sé por dónde andará la chaqueta. A veces también pierde los zapatos. El tal Kent sería un desastre si no fuera por Barbie, que lo lleva como un pincel. Aunque no deja de parecer un macarra con cierto estilo.

Lo primero que le dice Barbie a Kent es que fría unas patatas para cuando venga Cuca del colegio, y que cuando termine de freír las patatas vaya a la compra y después friegue los suelos. El orden de las tareas me parece un tanto aleatorio, pero es que la lógica de los muñecos no se corresponde con la de los humanos. Lo que si le dice Kent a Barbie es que le parece mucho morro que tenga que hacer todas esas tareas mientras ella no hace otra cosa que cambiarse de vestido, probarse zapatos y cepillarse el pelo. Barbie dice que hay que ser fenimista. “Dirás fe-mi-nis-ta”, corrige Kent. “Pues eso: fe-ni-mis-ta”, replica Barbie. Sigue leyendo

Esperando al enemigo

Barco pirata famobil

El barco pirata flotaba en las aguas de un mar trasparente, los cañones estaban preparados y los tripulantes en sus puestos, ojo avizor, a la espera del enemigo, cuando de pronto el agua se cubrió de una espuma blanquecina con olor a limones que crecía por momentos, y un trasatlántico, como caído del cielo, avanzaba hacia ellos: no era el buque de guerra que temían, pero supieron que estaban fatalmente perdidos en el instante en que el niño se zambulló en la bañera.