Angelitos negros, también los quiere Dios

angelitos negros

De chaval me gustaba el ruido que producían las monedas al caer en la hucha y el chas-chas al agitarla. Mi padre decía con orgullo, y según el grado de euforia en que se encontrara, que yo sería economista, o director de banco, o ministro de Hacienda. Hoy apenas me dirige la palabra, pues no entiende que haya dejado la carrera de finanzas para tocar las maracas.

ENTRA, POR FAVOR

 

 

 

Vocaciones

bomberos y piratas

Álvaro me dice que de mayor quiere ser bombero, y pirata en los ratos libres. Esta extravagante combinación me hace sonreír, especialmente el trabajo de pirata a tiempo parcial y el trajín que ha de suponer pasar de un uniforme al otro, de una identidad a la otra, sobre todo si eres un pirata como Dios manda: con pata de palo, parche en el ojo y papagayo al hombro.

Luego lo he pensado mejor y se me ha borrado la sonrisa. He recordado que hay políticos que saben combinar muy bien estas dos identidades: disfrazados de bomberos y prometiendo apagar los incendios de la economía, esconden un pirata que navega por aguas de paraísos fiscales con tesoros que no son suyos.