Angelitos negros, también los quiere Dios

angelitos negros

De chaval me gustaba el ruido que producían las monedas al caer en la hucha y el chas-chas al agitarla. Mi padre decía con orgullo, y según el grado de euforia en que se encontrara, que yo sería economista, o director de banco, o ministro de Hacienda. Hoy apenas me dirige la palabra, pues no entiende que haya dejado la carrera de finanzas para tocar las maracas.

ENTRA, POR FAVOR

 

 

 

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