Panza de burro

Mi madre era de Tenerife, de La Matanza de Acentejo (de La Matansa, pronunciaba Ella, claro). Mi madre era una mujer casi analfabeta porque de niña apenas fue a la escuela. Se quedó huérfana de madre y el lugar de la madre ausente lo ocupó una madrastra mala de cuento que la puso a barrer y a cocinar privándola de tantas cosas. Supongo que su padre, mi abuelo, al que no llegué a conocer, debía de ser un príncipe ensimismado en sus tareas de príncipe y no reparó en las carencias de aquella niña. Mi madre nunca se quejó, o se quejó muy poco, entrenada en la resignación de las mujeres de aquel tiempo.

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Madre

charco

 

Hoy he pisado un charco y la infancia me ha salpicado en la cara. Un recuerdo luminoso: mi madre a mi lado agarrándome de la mano, también ella empapada sonriendo con esa edad indefinida a mis ojos de niño, la edad eterna con que, ahora que ya no está, la veo.