Contra los relojes

  reloj dali

En “Instrucciones para dar cuerda a un reloj”, dice Cortázar que cuando te regalan un reloj en realidad el regalado eres tú como ofrenda al reloj. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días para que siga siendo un reloj, te regalan la obsesión de comprobar que marca la hora exacta.

A los relojes modernos no hay que darles cuerda, se la dan ellos solos; algunos, incluso, habitan en otros artilugios, o son ellos mismos un compendio de estos. Estoy pensando en los móviles, las tablets, los relojes multifunción…, a los que se les podría aplicar estas palabras del escritor:

 “Cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire”.

Paremos los relojes, apaguemos lo que sea que haya que apagar (me da vértigo la velocidad de la tecnología) y disfrutemos de las horas lentas, pues aunque “Allá al fondo está la muerte, no tenga miedo… Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan”.