Capirotes

Reunida la familia en torno a la mesa, el padre da las gracias a Dios por los alimentos que van a tomar. “Amén”, replican la madre y los dos hijos, de cinco y ocho años, a la vez que se santiguan. Acabada la cena, marido y mujer acompañan a los niños hasta el dormitorio, y ya en la cama es la madre quien los guía en las oraciones: “Señor, protege a…”. Después, cogidos de la mano, la pareja se dirige al recibidor, donde el hombre descuelga una túnica y un capirote blancos del perchero. Se pone la túnica y la mujer acaricia el círculo rojo que ella le bordó a la altura del pecho: una cruz sobre un fondo rojo y una pequeña llama en el centro de la cruz. Una joya de hilo de la que se siente muy orgullosa, tanto como de su caballero blanco. Le abraza y él la aparta delicadamente: un deber ineludible le espera. Del paragüero coge una tea, se cubre con el capirote y sale a la noche dispuesto a incendiarla. La cacería va a empezar.