Visionarios

1 de julio de 1566

Ahora que el final de mi vida está próximo, quiero redimirme escribiendo estas líneas, y quizá así mi alma alcance la paz que anhelo, al preveniros de los poderes que se me atribuyen y que no son tales, confusión que yo mismo provoqué con mis crípticos mensajes y la ayuda de la imaginación popular.

Soy Michel de Notre-Dame, aunque poco o nada os dirá este nombre. Pero si os digo que aquel por el que realmente se me conoce es el de Nostradamus, ya puedo imaginar cómo con su sola mención un sinuoso escalofrío recorre vuestro cuerpo, porque el nombre de Nostradamus está fatalmente unido a lo esotérico, a ese saber que no halla fundamento en la razón y produce temor y admiración a partes iguales.

Sigue leyendo