Viaje al origen

fondos-oceanos-400x276

 

El señor K está en bañador, sentado sobre la arena de la playa, delante de un bloque de apartamentos. La playa está abarrotada de gentes y sombrillas, y le llegan retazos de conversaciones, el griterío de los niños, el rumor de las olas al morir en la arena. Una vez más el señor K recuerda las palabras de su padre: “Sientes que te haces viejo cuando empiezas a no entender el mundo”. “Y más viejo aún cuando ya no quieres entenderlo”.

Al señor K le da ahora por mirarse los pies. Los mira intensamente, hasta tal punto que le parecen los pies de otro; y luego, ni eso, solo unos objetos para los que no encuentra nombre, como tampoco los encuentra para los edificios, ni para las sombrillas, ni…, en fin, para todo cuanto lo rodea, que se va desvaneciendo de su conciencia.

Al señor K le empiezan a salir escamas por el cuerpo, y aletas en las manos y en los pies. Le crecen a un ritmo de vértigo, como en esos documentales que comprimen en segundos el paso del tiempo. Y ya definitiva su nueva fisonomía, el bañador destrozado, hecho jirones sobre la arena, empieza a reptar en dirección a la orilla, atravesando el pasillo que la gente deja a su paso, horrorizada, llevándose las manos a la cabeza, a la boca, señalándolo con el dedo…

El señor K entra en el agua, se va alejando de la orilla, del mundo, y cuando ya es solo un punto a los ojos de los bañistas, se sumerge, y nada y nada… Hasta las profundidades, hasta la oscuridad y el silencio.

 

Desabrazos

Rangi y Papa

En la tradición maorí, el Padre Cielo (Rangi) y la Madre Tierra (Papa) provocaron la oscuridad con la unión de sus cuerpos en el acto de la procreación. Luego sus hijos anhelaban que la luz penetrara en el mundo para que ellos y sus descendientes pudiesen crecer en un mundo luminoso. Algunos planearon matar a los padres, pero uno de ellos, Tawhirimatea (dios del viento y las tormentas), se apiadó y propuso separarlos. Después de varios intentos, fue Tane (dios de los bosques) quien, tumbándose de espaldas, empujó hacia arriba fuertemente con los pies hasta lograrlo. Y así fue cómo la separación de Rangi y Papa creó el Te Ao-marama, el mundo de luz anhelado.

Tal vez sea esta la razón por la que nos pasamos la vida abrazándonos y desabrazándonos. Abrazándonos para recuperar la unidad y calma perdidas, desabrazándonos para vivir el dolor de la distancia y añorar aquella unidad. Todo lo demás, como diría el bardo, es ruido y furia.