La rebelión de los personajes

Sherlock Holmes foto Eloy

Los escritores, que son muy dados a hacer literatura de la propia literatura, dicen que en ocasiones sus personajes se les “rebelan”, que se oponen al destino que ellos como creadores les quieren trazar. Dicho así parece que tal afirmación esconde un asunto de brujería, que por un acto de magia los personajes cobran vida y la viven a su antojo. En realidad el asunto no tiene mucha enjundia, pues el escritor no puede desdecirse de ese personaje que ha ido creando desde el momento en que la página en blanco dejó de serlo. Palabra a palabra, línea a línea, el escritor va construyendo su personaje, dotándole de una determinada personalidad, con todo lo que ello supone: emociones, sentimientos, actitudes, motivaciones… De tal forma que el escritor, para que su obra resulte coherente y verosímil (no confundir verdad con verosimilitud, ni lo verosímil en la realidad con lo verosímil en una obra de ficción), deberá adecuarse a esa personalidad a la que ha ido dando forma.

Así, por ejemplo, si un día el escritor se levanta profundamente deprimido porque su equipo de fútbol ha perdido la final de copa contra el eterno rival por tercera vez consecutiva, por un penalti injusto, y no puede evitar que este estado de ánimo suyo contamine la escritura y decide que su personaje, un tipo de temperamento luchador, optimista y sin razón aparente para no querer vivir, se arroje a la calle desde el balcón, no será de extrañar que este se aferre a la barandilla cual simio en rama y le pida al escritor que sea él quien o bien se lance al vacío o cambie de equipo. Y si pese a los ruegos del personaje el escritor sigue emperrado en rematarlo, debería volver atrás en la escritura y reescribir el texto para que su comportamiento no resulte tan arbitrario como el penalti que causó la depresión del escritor. De no hacerlo así, además de matar al personaje, matará al lector.

Un caso ejemplar de a dónde puede llegar la rebeldía de un personaje, lo tenemos en Sigue leyendo