QUIQUIRIQUÍ

A veces me he preguntado cómo sería la convivencia en una sociedad en la que pudiéramos leernos los pensamientos los unos a los otros, qué efectos tendría. Una respuesta aproximada me la han dado las redes sociales, ese gallinero humano donde muchos especímenes, amparándose en la libertad de expresión y frecuentemente en el anonimato, cacarean cualquier cosa que se les pase por la cabeza. Y como lo que “vende” no es la sensatez, la mesura, el respeto, sino el grito emocional, el ataque, la provocación, así nos va. Tenemos que intentar no ser esclavos de las redes sociales. Los medios de comunicación y los políticos lo son, las necesitan para sobrevivir, para ganar lectores y votantes, y recurren a un lenguaje y unas estrategias que permitan aumentar su número. Da vergüenza leer titulares tendenciosos, tremendistas, y da vergüenza oír a algunos políticos reducir la complejidad de la realidad a simples eslóganes o chascarrillos que saben que calarán en las mentes del gallinero, y que luego se repetirán como se repite esa boba canción del verano que no te puedes quitar de la cabeza. Y qué decir de los bulos para dañar al otro, al que no se considera oponente, sino enemigo. Intento encontrar una explicación a por qué personas a las que se les supone unos principios morales recurren a la mentira. Y solo encuentro una respuesta: se justifican convenciéndose a sí mismos de que la mentira es un mal menor para evitar un mal mayor: la victoria del otro, del enemigo. “En el amor y en la guerra todo vale”, será su eslogan favorito.

En esta atmósfera de lo emocional, de las explicaciones simplonas, del ruido, de la mentira, el pensamiento crítico se va batiendo en retirada, y lo malo no es solo que conduzca a una extrema polarización, sino a que va a acompañada de mucho odio. Y eso, el odio, es muy peligroso, porque es la chispa que enciende la violencia. Las personas de buena fe, pero que tenemos escasa influencia con nuestras opiniones, lo mínimo que deberíamos hacer es no alimentar los bulos, el odio. Debemos medir nuestras palabras. Y está bien no ser equidistante ante las injusticias, hay que tomar partido, posicionarse, pero sí hay que ser equidistante a la hora de razonar, porque en eso consiste precisamente el pensamiento crítico, en no dejarnos llevar por nuestras emociones, por nuestros prejuicios y preferencias a la hora de juzgar.

El informe PISA mide el rendimiento de los estudiantes en matemáticas, ciencias y lectura. Quizá debería existir una prueba que evaluara también la capacidad del alumno para usar el pensamiento crítico, porque sin pensamiento crítico solo hay gallinero.

Dejo aquí algunos textos que he ido subrayando en mis lecturas. Como quiero que los mensajes se valoren por sí mismos, no anoto su autoría.

“El origen del pensamiento está en el desacuerdo, no solo con los demás, sino con nosotros mismos”.

“Vígila tus pensamientos, se convierten en palabras. Vigila tus palabras, se convierten en acciones. Cuida tus acciones, se convierten en hábito (…). Tus hábitos se convierten en valores, tus valores se convierten en tu destino”.

“La inteligencia es la capacidad de mantener ideas contrarias en la cabeza sin que te estalle”

“Las palabras, cuando expresan propósitos, hablan de lo que querríamos ser; las acciones dicen lo que somos”.

“Lo importante no es mantenerse vivos, sino humanos”.

“Se encerraba en el cuartito a leer libros malos, porque los buenos no hacían más que recordarle la complejidad de la vida, mientras que los malos lo tranquilizaban”.

“Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie quiere cambiarse a sí mismo”.

“Retrotopía es el anhelo de regresar a un pasado utópico y consolador que nunca existió cuando la sociedad entera ha entrado en delirio, ha perdido las referencias, no sabe a dónde va y, aterrorizada ante los muchos conflictos que vivimos, se repliega hacia lo elemental, lo primitivo”.

“Lo que sí sabemos es que en nuestra vida hay colisiones. Colisiones entre la persona que queremos ser y la que no. Entre los sueños y la realidad. Entre los deseos y las necesidades, el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto. Creemos tener una vida, pero tenemos varias. Somos hijos, padres, maridos, amantes… Creemos vivir en un mundo, pero vivimos en muchos, y esos mundos pueden chocar”

“El problema de las mentes cerradas es que siempre tienen la boca abierta”

“La identidad no se rompe cuando cambia, se rompe cuando se aferra a una versión de sí misma que ya no existe. Una bandera no se hace más grande cuando la usas para decir quién no pertenece, sino cuando logra que más gente diga aquí quepo yo”.

“Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero detesto al que es español por ser español nada más. Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta por el hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula; pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos”.

“Los seres humanos no somos imparciales. Tenemos la necesidad casi física de elegir bando. La neutralidad es incómoda, antinatural. Como si nuestros cerebros reptilianos solo reconocieran dos colores en el espectro: el propio y el de los enemigos”.

“Muchos creen que la naturaleza enseña a las sociedades humanas lo correcto: es la falacia naturalista. El error consiste en convertir una descripción en prescripción moral o política (…) El estudio de las especies vivas demuestra que, lejos de las expectativas estrictas y obsoletas, el abanico de conductas es variopinto y dinámico. Sea lo que sea lo que busques, encontrarás algún ejemplo en apoyo de tu posición”.

VIÑETA: Se ve a un hombre asomado a un pozo. El texto dice: «Tiró un deseo esperando recibir una moneda«.

¿Por qué continúas predicando si sabes que no puedes cambiar a los malvados?, le preguntaron a un rabino. “Para no cambiar yo”, fue la respuesta.

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